02.
A la mañana siguiente, me
desperté en mi habitación con resaca. Hola a los efectos secundarios de estas
tonterías. Me levanté y fui al baño a lavarme la cara, todo muy despacio por
supuesto. Entonces vi el número escrito en mi brazo. Era el número de Nathiel.
Y la sonrisa no me cabía en la cara. Después de la conversación de fuera,
volvimos a dentro para buscar a mis amigas. Anna me había enviado un mensaje de
que estaba en casa, le había llevado Alex. Marina también se había ido, había
cogido un taxi con Norah. Sólo quedaba Irene, que no respondía al móvil.
Nathiel llamó al moreno posesivo y se lo cogió una Irene gruñendo que no podían
hablar. Y ahí estaban todas. Nathiel me llevó a casa en su coche. ¡Qué coche,
por favor! Un Audi A5 de color blanco. Me subí y me quité los tacones, no podía
más con esas cosas diabólicas. Le di la dirección y el camino fue relajado, él
decía tonterías y yo me reía. Nos picábamos mucho. Me dejó en la puerta pero
antes de que pudiera salir me apuntó el número en el brazo y se acercó. Pensé
que iba a besarme. Lo hizo. EN LA MEJILLA. Agh yo quería más y sé que él
también. Pero no me lo dio. Me dio un guiño y salió para abrirme la puerta y
acompañarme hasta el porche. Dulce. Llegamos al porche, yo todavía descalza,
por lo que era mucho más bajita que él. Sin tacones me sacaba sus 30 cm. Yo
medía 1,63 así que estaría en el 1,90. A parte, parecía más alto por su cuerpo.
Tenía hombros anchos y una espalda sobre la que ronronear. Cuando te abrazaba,
te envolvía totalmente de lo grande que era. Además tenía el mejor culo que he
visto en un tío. Madre del amor hermoso, qué estábamos en la puerta de mi casa
y no había nadie. No podía pensar eso. Entonces él me cogió y me abrazó fuerte,
envolviéndome una ternura aplastante. Y él susurró:
-Buenas noches, pequeñaja.-
Y otro beso en la puñetera mejilla. Estaba a punto de suplicar.- No me mires
así, por favor. Me está costando mucho no lanzarme a tu yugular. Te mereces más
que unos besos y roces después de una borrachera. Intento ser bueno.
Le sonreí con dulzura y
dije, con el corazón latiendo muy rápidamente:
-Te llamo pronto y me
demuestras que es lo que merezco.
Me devolvió la sonrisa,
asintió y se alejó a su coche. Yo quería que volviera pero no quería estropear
esto. Y así amanecí, recordando todo lo de la noche anterior y queriendo saltar
de la felicidad. A lo mejor me estaba
ilusionando mucho, cierto, pero me importaba bien poco. Iba a mandarle un
mensaje ahora mismo. Con mi resaca olvidada, cogí mi iPhone y le mandé un
mensaje.
Buenos
días:) soy Susana, la bruja de anoche jajaja. Me dijiste que necesitabas
comprobar si tenía cierta faceta de acosadora. Bueno, pues qué te parece
comprobarlo hoy? Te viene bien?
Y enviado. Recibí respuesta
a los dos minutos.
Hola
Bruja. Me viene bien. Tengo que ir al centro comercial hoy. Quedamos allí.
19:00. Te espero, brujita<3
-¡AAAAAAHHHHGGGGG! Qué
monada, por dios.
Y ahí fue cuando entró mi
papá.
-¿Qué pasa, Su? ¿Quién es
una monada? No será un chico, ¿verdad, renacuajo?
Sí, mi papá me llama
renacuajo. Soy eso para él. Fui a darle un abrazo y le di un beso de buenos
días.
-Hola papá. Te ves cansado.
¿Llegasteis muy tarde?
-Sí, tu madre está durmiendo
ya. Ni se quitó la ropa, se desplomó en la cama como hacías tú cuando eras
pequeña.
Me reí con mi padre. Yo era
una Mamá más joven con el pelo de papá. Mientras que mi mamá era rubia, yo
tenía el pelo negro azulado de mi papá. Por lo demás, soy igual que ella. Y
según mi papá, en comportamiento era exactamente igual. Fui con papá a su
habitación y ahí estaba.
-Anoche le quité los tacones
pero no me dejó quitarle nada más. Encima me susurró que no tenía fuerzas para
nada y menos para “eso”.
Me fui corriendo, no quería
despertar a mi madre con las carcajadas. Me costó recomponerme, mi madre era la
mejor. Mi padre estaba conmigo con una sonrisa enorme en la cara. Se acercó a
mí y me abrazó muy fuerte. Y entonces apareció mi pequeña princesa, andando en
sus pequeños pies con una mano en los ojos y el pelo revuelto. Se quitó la mano
de los ojos, me miró y sonrió, mostrando sus pequeños dientes. Vino corriendo y
gritando hacia mí.
-¡Su!
Corrí hacia ella, la cogí y
la abracé muy fuerte.
-Hola, princesa. ¿Qué tal
ayer con tu amiguita Marta?
Ella levantó los brazos
hacia arriba y dijo muy alto:
-¡Chachi! ¡Tiene un perrito
muy chiquitito!- A la vez que decía eso, hacía un gesto con las manitas
haciendo un círculo, señalando que el perrito era así. Entonces papá se acercó
y le dijo:
-Pero bueno, princesa. ¿Y mi
beso de buenos días?
-¡Papá!- Y se lanzó de mis
brazos a los suyos. Empezó a darle besitos por toda la cara.
-Cariño, baja la voz un
poquito, mamá está durmiendo en la habitación y está muy cansada.- Ella abrió
mucho los ojos y cerró la boquita con cremallera. Era preciosa. Entonces oímos
unos pasos. Y apareció en el umbral... Hugo. Mi hermana chilló de placer.
-¡Hugo!- Él sonrió y mi
princesa se lanzó a sus brazos. Algún día se hará daño como siga lanzándose así
a los brazos de la gente. Tenía cuatro
añitos y pesaba poco pero se podía caer. Mi hermano mayor cogió a Patricia y la
hizo dar vueltas mientras ella gritaba y reía. Mamá se va a despertar, mal
rollo.
-Hola, patito. ¿Te lo
pasaste muy bien con tu amiga Marta?
Ella repitió la historia del
perro a Hugo. Papá estaba en la cocina haciendo el desayuno. Me senté en el
sofá y Patricia se sentó encima de mí. Me acomodé para que ella estuviera
cómoda y vimos los dibujos que a ella tanto le gustaban. Ella reía y hacía todo
lo que la tele le decía que hiciera y yo me reía por las tonterías que hacía.
Y, chan chan, apareció mi señora madre. Cabreada. Tenía una cara molesta en la
cara pero nos vio a todos ahí y sonrió. Mi hermana corrió hacia ella y mi madre
la cogió.
-Hola, patito.
-¿Te hemos despertado, mamá?
¿He sido yo?
-No, mi amor. Me he
despertado sola y he seguido el olor a café.
-¿No estás muy cansada?
-Un poquito, cielo.
Mi hermana sonrió y,
cogiéndole las mejillas con sus manitas, dijo:
-Yo soy la brujita feliz.
Con un besito haré que el bicho malo se valla y mi mamá estará feliz como yo,
la brujita feliz.- Y le dio un beso en la frente. Aug, qué dulzura. Corrí hacia
ellas y las abracé.
-Princesa, a mi me duele la
cabeza. ¿Me das un besito de la bruja feliz?
Mi hermana me cogió de las
mejillas y dijo lo mismo que a mi madre. Me dio un beso y yo me derretí. La
cogí y le hice cosquillas, haciendo que ella gritara y riera. La dejé en el
suelo y ella corrió, queriendo que yo la persiguiera. Se escondió y, mientras
la buscaba, me di cuenta de que mi cama se movía. Había un pequeño bulto en la
sábana. Sonriendo y riendo bajito para que ella no me escuchara, entré en mi habitación.
Me acerqué sigilosamente y tiré de la sábana. Mi princesa gritó e intentó
escapar pero no lo consiguió. Y así nos vieron mis padres y Hugo. Mi madre
tenía una sonrisa que no le cabía en la cara, igual que la de mi padre y mi
hermano miraba a mi princesa con adoración. Todos sabían que el duro de Hugo
caía de rodillas si fuera por su hermanita pequeña. Patricia vio a todos y
gritó:
-¡Me ha pillado! ¡Se lo
habéis dicho vosotros!- Todos reímos y ella cogió una almohada y me la tiró.
Entonces mi padre habló:
-Hora de desayunar.
Mi hermano se fue sin
dirigirme ni una mirada. A veces creía que me odiaba. No me hablaba mal ni nada
por el estilo pero me trataba con una indiferencia que me hacía sentir fría. Si
no fuera por Patricia, él ni me miraría. Igual que se sabía que Hugo caía de
rodillas por su hermana Patricia, se sabía que no movería un pelo por su
hermana Susana. Eso era ley. Ley que me estaba dejando fría cada día. Yo quería
a ese idiota. Cuando terminé el desayuno, me fui desanimada a mi habitación.
Cada vez que pensaba en lo de Hugo, me deprimía. Entonces me acordé de mi cita
con Nathiel. Empecé a mirar que iba a ponerme esta tarde. Y llamaron a la
puerta.
-Pasa.
Fue mi madre quien apareció.
Cerró la puerta y se sentó en mi cama.
-¿Sales esta tarde, cariño?
Me senté a su lado y le di
un beso en la mejilla.
-Buenos días a ti también,
mamá. Y sí, iré al centro comercial con…- Maldita sea, me sonrojé. Cada vez que
me acordaba de él, el calor subía a mis mejillas. Mi madre lo notó y sonrió
ampliamente.
-Con un chico que te
encanta, ¿verdad? Y no me engañes, que cuando yo pensaba en salir con tu padre,
yo también enrojecía.- ¿Veis? Idénticas hasta en el comportamiento. Daba miedo.
-Sí. Y es tan… demasiado… me
hace sonrojar demasiado, es guapísimo y tan… agh no sé explicarme.
Mi madre no paraba de reír,
ella me entendía perfectamente.
-Y estabas pensando qué
ponerte para esta tarde, ¿verdad?
Solo asentí. Ella se levantó
de un salto y me hizo una señal para que le siguiera. Fuimos al salón, donde
estaban mi padre y mis hermanos, jugando. Hugo reía sin parar y Patricia se lo
comía a besos. Él la abrazaba en respuesta y también le daba besos por todas
partes. Sentí una punzada en el corazón. A mí nunca me había dedicado una
sonrisa de verdad. En sus veintiún años, nunca me había sonreído como lo hacía
con Patricia. Mi madre se dio cuenta de que me pasaba algo y miró donde estaba
mirando, me cogió la mano y le dio un apretón. “Tranquila, cariño” quería
decir. Fuimos hasta donde estaba mi padre y mi madre empezó:
-Cariño, hoy Su y yo nos
vamos de compras.
Mi padre me miró y dijo:
-¿Y eso, renacuajo?
Mamá respondió por mí.
-Hay unas ofertas
increíbles. Además, así aprovecho yo para comprarme ropa, que la que tengo me
viene un poco pequeña.
Mi padre masculló un “se
acabó lo bueno, maldita sea” que me hizo reír a mí y a mi madre ir y darle un
beso que una hija no tendría que ver en sus padres.
Media hora después, ya
estábamos vestidas en el salón, listas para irnos. Patricia nos vio y dijo:
-¿Vais a algún sitio?
-Sí, princesa. Vamos de
compras.
A la listilla le brillaron
los ojos al pensar en el centro comercial. Así que se acercó y, poniendo la
cara que sabía que nosotras no íbamos a poder resistir, dijo:
-¿Puedo ir?
Miré a mamá, que con una
sonrisa asintió. Princesa se puso a saltar y gritar.
-¡Nos vamos de compras!
¡Chachi!
Entonces Hugo me miró. Y me
dejó más fría que antes. Estaba enfadado, él estaba pasándoselo muy bien con su
hermana y por mi culpa, ya no iba a estar con ella. Me echaba la culpa y se notaba
muchísimo. Tenía ganas de llorar. Mi madre lo vio y miró con enfado a Hugo.
-Aparta esa mirada de tu
hermana o responderás a la mía, Hugo. Patito no es solo tuya y si ella quiere
venir de compras con su hermana y su madre, tú tendrías que estar feliz por
ella y no mirar a Su con odio porque se la lleve.
La voz de mi madre sonó casi
mortífera. La amaba, aunque supiera que Hugo no había hecho nada malo. Él
escupió un “lo siento”, se acercó a Patricia, le dio un beso y se fue. Entonces
ella dijo:
-¿Hugo está mal? Mamá,
¿puedo ir a darle un besito de la bruja feliz antes de irnos?- Mi madre sonrió,
le dio un beso en la coronilla y asintió. Ella se fue corriendo, con sus rizos
rubios rebotando. Miré a mamá, ella asintió y yo seguí a esa pequeñaja. Cuando
llegué, vi que Hugo estaba en su cama escuchando música cuando entro Patricia.
Él se quitó los cascos y cogió a la pequeñaja en brazos. Ella puso sus manitas
en las mejillas de este, repitió el conjuro y le dio un beso en la frente. Hugo
rió y le dio un abrazo enorme. Entonces Patricia habló:
-Hugo, ¿es verdad que
mirabas a Su con odio porque me iba con ella y con mamá de compras?
Él le acariciaba la espalda
mientras escuchaba. Su cara se endureció por un momento, lo que hizo que yo me
sintiera peor. Entonces se relajó y le respondió:
-Cariño, a mi no me importa
que te vayas con mamá de compras. Solo es que no me gusta que Susana vaya con
vosotras y encima te aleje de mí por un capricho de niña mimada.
Yo estaba llorando ahora. Me
odia. Dios, cómo me odia.
-Pero Hugo… Su es muy buena
conmigo. Me hace cosquillas, me da chuches, dice cosas graciosas, me cuenta
cuentos por la noche, me deja dormir siempre que quiera con ella en su cama,
hasta me llevó con sus amigas una…
-¿Te llevó con sus amigas?-
Ese grito sobresaltó a Patricia. Él, al instante, estaba pidiendo perdón y
acariciándole el pelo, dándole besos también. Era increíble que este chico tan
dulce me odiara. Y lo peor es que no sabía lo que le había hecho. Él seguía
pidiendo perdón.
-Perdóname patito, por favor.
No quería gritarte, lo juro.
Ella le dio un beso y dijo:
-No pasa nada. Su dice que
si alguien que quieres grita no quiere hacerte daño, solo que el bicho malo le
controla.
Él, en vez de sonreír, se
enfureció aún más. Entonces mamá estaba detrás de mí. Me había visto llorar y
sabía lo que había pasado. Entró y cogió a Patricia.
-Nos vamos, patito.
Despídete de tu hermano, preciosa.
Ella le mandó un beso
volador y mamá se la llevó. Pasó a mi lado y me indicó que fuera con ella, con
dolor en sus ojos. Pero negué con la cabeza. Ahora me tocaba a mí hablar.
Entré en la habitación. Hugo
se sorprendió de que entrara, ya que yo tenía prohibido entrar en su
habitación. Pero ahora ni a él le importaba, estaba enfadado conmigo.
Muchísimo.
-Cierra la puerta.
Su tono era mortífero. Yo
cerré la puerta despacio, con tristeza, dolor y un poco de miedo. Hugo era más
grande que yo, no tanto como Nathiel pero casi. Intimidaba mucho. Nada más
cerré, él empezó:
-¿Te la llevaste con las
putas de tus amigas? Te prohíbo que lo vuelvas a hacer. Me niego a que mi
hermana esté al lado de esa panda de crías. Ya tengo suficiente con aguantar
que esté cerca de ti.
Me estaba haciendo mucho
daño. Pero también me enfurecí. Por algo me llaman Bruja aparte de los ojos. Mi
carácter era igual que el de mi madre y se iba a enterar de quién era yo de una
vez.
-Te voy a decir unas
cositas. Punto número uno: No llames putas a mis amigas, son perfectas tal y
como son. Punto número dos: Tú a mi no me prohíbes nada y si Patricia quiere
ver a mis amigas y mamá me deja, me la llevaré para que la vean. Punto número
tres: a mí no me hables como te dé la maldita gana. No soy tu saco de boxeo.
Soy tu hermana. Yo tengo que aguantar todo tu maldito odio todos los días y no
me quejo. Tengo que aguantar tu frío todos los días y no me quejo. Y lo hago
porque te quiero a ti, a nuestra hermana pequeña y a nuestros padres. No sé qué
he hecho para que me odies tanto pero no voy a permitir que me alejes de mi
hermana.
Maldita fuera su estampa,
las lágrimas caían sin que yo quisiera. Me las quitaba con furia y rabia pero
seguían cayendo. Pero su cara no cambió. Había el mismo odio. Entonces dijo:
-No me vengas con cuentos ni
con lágrimas de cocodrilo. Lárgate.
Me fui corriendo. Cuando
llegué al salón, mi madre me esperaba con los brazos abiertos. Mi padre estaba
entreteniendo a Patricia para que no me viera así pero mis llantos eran
desgarradores. Mi madre me acariciaba y me besaba, intentando darme
tranquilidad. Pero no pude evitar que mi princesa me viera así. Estaba riendo
cuando me vio y vino corriendo a mí.
-¡Su! ¡Su! ¿Por qué lloras?-
Ella empezaba a tener los ojos húmedos y a hacer pucheros. La alcancé y la
abracé muy fuerte.
-No llores, mi vida. No me
pasa nada. No llores por favor.
Pero sentía las lágrimas de
ella en mi hombro y yo me sentí morir.
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